El equipo del lago se impuso en la última fecha a Solar del Bosque 3 a 0 y es el nuevo campeon del torneo. Una mañana de fiesta para todo El Lauquén que consagra la gran campaña de los dirigidos por Silvio Sandri.
Pero aún faltaba ganarle a Solar del Bosque, un equipo que a pesar de no haber tenido una buena campaña, se hace fuerte de local y se infla aún más en los partidos importantes. Solar no era el rival ideal para enfrentarse en la última fecha y de hecho el campeón tuvo que sufrir durante 80 minutos para poder dar el grito final.
Para que El Lauquen diese el primer grito, sin embargo, hicieron falta solo 3 minutos. Cuando el partido recién se desperezaba, una jugada rápida tomó desprevenida a toda la defensa local y Alfredo Sansone enterró la pelota en el fondo de la red ante la atónita mirada tanto de propios como de ajenos, que no podían creer que un partido decisivo fuese a resolverse en tan solo minutos. Pero lejos estuvo de ser así. Tras el gol, el juego de Solar del Bosque sufrió un crecimiento exponencial. Luego del gol, los dos equipos empezaron a jugar al ritmo digno de una final. El Lauquen se retraso unos pocos metros y el Solar tomó la pelota y la iniciativa. Las subidas de Javier Budelli y Darío Villegas, tratando de llegar ambos hasta el fondo, sumados a la conducción de Hernán Conde, generaron una ofensiva digna de hacer temblar al campeón. Conde encontraba a Sciolla para descargar y los dos adelantados visitantes, Ángel Dos Santos y Edgardo Aura, entraron en contacto con la pelota y de a poco se hicieron temer en el área. Solar estaba jugando como nunca. El buen trabajo de la defensa del campeón sumado a la excelente tarea de Juan Carlos Cruz fueron claves para que hoy los azules pudiesen gritar. A los 16 minutos, dos jugadas muy claras en los pies de Ángel Dos Santos murieron en las manos de Cruz. Tras una de estas jugadas, los nervios de ambos lados estallaron, los rivales cruzaron palabras de más y el árbitro se vio obligado a amonestar a mansalva. Por suerte, fue la única nota negra en todo el partido, que se jugó con mucha lealtad de parte de ambos equipos. El Solar acumularía tres chances muy claras de gol en lo que quedaba de primer tiempo; tuvo oportunidad Sciolla en un mano a mano, Edgardo Aura también perdió frente a Cruz. Los locales desperdiciaban una chance tras otra. Sobre el final, el campeón tuvo las más claras. Una pelota que despejó Darío Villegas en la línea y un tiro libre que reventó el travesaño pudieron haber definido antes la historia.
Pero a El Lauquen todavía le quedaba sufrir un tiempo más. Y el Solar no iba a hacérselo fácil. El juego de los locales se vio potenciado por las circunstancias, los del Bosque no le perdonaron una sola pelota a los azules. Con muchísima lealtad, le pelearon hasta el último balón e hicieron de un partido que debió haber sido una fiesta, un calvario que no terminaría hasta los últimos minutos de la segunda mitad. A los 20 minutos, el público de El Lauquen que concurrió en masa a ver el campeón sintió el corazón en la boca cuando Adrián Sciolla tiró al arco y Silvio Sandri, con el último aliento, despejó en la línea. El despeje fue capturado por Hernán Conde, quien remató al arco con violencia. La pelota rozó el travesaño y salió. Jugadores, amigos, hijos, esposas y etcéteras sufrían cada vez que la pelota caía en los pies de un hombre con camiseta blanca. El empate del Solar parecía ser una cuestión de tiempo conforme se apilaban las jugadas. El arco de Cruz se veía asediado por un equipo que tuvo una mala campaña, que no se corresponde con su juego, pero que veía en este partido, quizás, una chance para salvar el año. Sciolla tuvo una nueva chance que Cruz sacó sin saber bien como. Un tiro reventó el travesaño, otro rebotó en un Cruz desprevenido, cada vez que Solar tomaba la pelota se veía peligrar el campeonato que con tanto esfuerzo se estaba llevando el mejor equipo de Canning. ¿Qué hacía el campeón mientras tanto? Defendía con todo lo que podía y dejaba a Diego Lavorgna y el colombiano Sepulveda listos para liquidar el partido a la primer chance.
El Solar había sido un duro, digno rival. Pero una vez que el reloj pasó los 30 minutos y la pelota todavía no había entrado, simplemente se resignó. Si bien no dejó de jugar al 100% hasta el último minuto, al parecer el local entendió que esta tarde era la tarde de El Lauquen. Por todo lo que había hecho durante el campeonato, esta su décima victoria al hilo, la que iba a darle el campeonato, era de los azules. Faltaba quien definiese el partido. Todo indicaba que sería Sepulveda el que liquidaría el partido. Tuvo dos chances clarísimas frente a Adrián Russino, pero no pudo definir. Una se fue rozando el palo, la otra terminó en manos del arquero y con Sepulveda lesionado. Habiendose retirado una de las cartas goleadoras del campeón, todo quedó en los pies del otro delantero en cancha, Gabriel Lavorgna. Y Lavorgna no decepcionó. A los 33 minutos del segundo tiempo, todas las emociones contenidas durante un partido durísimo, lleno de riesgos y emociones, ante un rival que estuvo más que a la altura de las circunstancias, explotaron finalmente cuando Lavorgna vio entrar la pelota en la red. El hombre del 19 en la espalda convirtió y la gente estalló. Todo el público de El Lauquen, suplentes y jugadores en cancha se unieron a festejar el gol de Lavorgna, que le daba el campeonato tan esperado. Después del grito de desahogo, el grito de campeón, ya estaba dado. Quedaba jugar diez minutos. Durante este período, el Solar no aflojó. Siguió jugando con la intensidad que demostró desde el primer minuto. Sobre el final, cuando ya todo era una fiesta, Augusto Scandella puso el tercero para las estadísticas. Para asegurarse de que su nombre, junto al de Alfredo Sansone y Gabriel Lavorgna, pasase a la historia como el del autor de uno de los goles que le dieron a El Lauqen el merecidísimo campeonato que el domingo terminaron de ganar.





